CREACIÓN DE LA ESTACIÓN BIOLÓGICA DE RANCHO GRANDE DE LA FACULTAD DE AGRONOMÍA DE LA U.C.V:
Desde
1950, los investigadores de la Facultad de Agronomía de la Universidad Central
de Venezuela, con su nueva sede en Maracay, comienzan a frecuentar más a Rancho
Grande. Alberto y Francisco Fernández Yépez, Carlos Julio Rosales y el auxiliar
Mario Gelvez, colectan semanalmente muestras de animales, principalmente
insectos y realizan algunas actividades docentes en Rancho Grande. Los intentos
realizados para que la Estación permitiera que la Universidad pudiera disponer
de un laboratorio, habían resultado infructuosos. Por ello se solicitó al
Decano de la Facultad que gestionara la adquisición de parte del edificio para
acondicionar allí unos laboratorios.
Francisco Fernández Yépez fallece el 16 de agosto de 1986 y meses después es nombrado como encargado de la Estación el profesor de entomología Aquiles Montagne, quien no muestra mucho interés en estimular el uso de sus instalaciones e incluso propone que debe manejarse junto con la vecina Estación del Ministerio y anexarse a ella. La falta de recursos económicos tiene sus evidentes efectos sobre el mal estado de la Estación de la UCV.
El
profesor Alberto Fernández Yépez asume el papel de intermediario entre la
Universidad y el Ministerio de Agricultura y Cría para obtener permiso para
usar algunos espacios en Rancho Grande. El 10 de Julio de 1959 el decano de la
Facultad, Dr. Pompeyo Ríos, solicita apoyo al Rector Francisco De Venanzi,
quien a su vez se dirige al Profesor Francisco Tamayo, de la División de
Investigación de la Dirección de Recursos Naturales Renovables del Ministerio,
planteándole la posibilidad de brindar un lugar de trabajo en la Estación para
la Universidad y mientras esperaban respuesta solicitan y obtienen permiso para
ocupar una pequeña casa situada pocos metros más arriba del restaurante de la
curva de Rancho Grande. Esta casa fue demolida años más tarde.
El
personal del Ministerio no tenía interés en compartir sus espacios de la
Estación con personas de la Universidad, para la época considerada como un
refugio de revolucionarios. Así, antes de facilitarle laboratorios en la parte remodelada de la Estación, prefirió asignarle un espacio en la parte inconclusa y abandonada del edificio.
Las posibilidades de la Universidad para construir sus laboratorios, parecían
entonces remotas. El 3 de Agosto de 1959, el director de Recursos Naturales
Renovables, ingeniero agrónomo Alfredo Rivas Larralde, por instrucciones del
Ministro de Agricultura y en oficio Nº RNR-3473, participa al decano de la
Facultad que está autorizado para acondicionar, equipar y usar cuatro
habitaciones en la parte alta del ala derecha del edificio, en ese entonces
inconclusa, indicando que los costos para lograrlo debían ser cubiertos por la
Universidad. Ciertamente el área asignada era la más lejana a las instalaciones
del Ministerio y no tenían absolutamente ninguna obra para utilizar
electricidad ni servicio de aguas negras ni blancas.
No
teniendo la Facultad recursos financieros para ejecutar la recuperación de los
cuartos asignados, el nuevo decano, Dr. Manuel Vicente Benezra, solicita
colaboración al Ministro de Obras Públicas, Dr. Santiago Hernández Ron, quien
acoge la solicitud y autoriza, dentro del "Plan de Obras Especiales del
Ministerio", a la compañía Cadeca, que ya se encontraba mejorando la parte
del edificio perteneciente al Ministerio de Agricultura, para que proceda a la
ejecución de las obras que requería la Universidad. El decano encarga a los
profesores Macrobio Delgado y Carlos Julio Rosales, de los Institutos de
Botánica y Zoología respectivamente, como responsables de los trabajos, sin
embargo con esta ayuda sólo se logró la instalación de una escalera metálica
para el acceso (muy incómoda por lo empinada) y la construcción de algunas ventanas y puertas de hierro.
Posteriormente
se pensó en obtener del presupuesto de la Facultad una partida mensual de un
mil bolívares, pero ello resultó imposible por lo escaso de los recursos
disponibles. El profesor Alberto Fernández Yépez propone y anexa un proyecto para acondicionar las áreas de la Facultad a través del apoyo del Consejo de
Desarrollo Científico y Humanístico (CDCH) de la Universidad. Una vez aprobado
por las autoridades, se encarga a Alberto Fernández Yépez, quien se dedica a realizar cálculos,
buscar precios de materiales e incluso a diseñar y dibujar los planos
respectivos. El 11 de Mayo de 1964, el proyecto, por 17.848 bolívares, es
aprobado por la Comisión Científica del CDCH, bajo el número 98, haciendo
entrega de la suma mencionada al profesor Alberto Fernández Yépez como responsable de su ejecución.
Al
comienzo se pensó utilizar al personal obrero de la Facultad, pero ello no dio
resultado; luego las fuertes lluvias impidieron comenzar la obra durante los
meses siguientes, por lo que no fue sino hasta Enero de 1965 cuando se comenzó
a trabajar. El profesor Alberto Fernández Yépez se encargó personalmente de los
trabajos y diariamente subía a Rancho Grande para llevar materiales,
inspeccionar los trabajos e incluso para realizar algunas labores de
carpintería y diseño de los laboratorios.
El 5 de Mayo de 1965 se concluyó el proyecto a
un costo de 17.822,20 bolívares, es decir 25,80 menos que lo aprobado por el
CDCH. Casi inmediatamente, el profesor Alberto Fernández Yépez propone una
nueva inversión de 37.000 bolívares para agregar dos nuevas habitaciones, dos
oficinas y dos laboratorios, solicitando además 44.341,20 bolívares adicionales
para dotaciones. Esta propuesta fue sólo parcialmente aceptada y se logró
anexar nuevas áreas a lo ya construido. En Agosto de ese año, los directores de
los Institutos de Zoología y Botánica, Gerardo Yepéz Tamayo y Ludwig Schnee
suscriben el primer reglamento, elaborado por Alberto Fernández Yépez con
carácter provisional, del uso de las instalaciones de la Facultad en Rancho
Grande. Así, la vieja casa prestada fue desocupada y los investigadores de la
Facultad comenzaron a quedarse en sus nuevas instalaciones.
El 10 de Febrero de 1966 se inauguran los
"Laboratorios de Botánica y Zoología de Rancho Grande" de la Facultad
de Agronomía en un concurrido acto al cual asistieron las autoridades de la
Facultad y diversas personalidades del Estado Aragua, quienes luego disfrutaron
de un brindis hasta el atardecer. Entre los presentes se encontraban el rector
de la Universidad Central de Venezuela, Dr. Jesús María Bianco; Monseñor
Feliciano González; quien bendijo las instalaciones; el decano de la Facultad,
Dr. Manuel Vicente Benezra; Alberto y Francisco Fernández Yépez; Gonzalo Medina
Padilla, director de la Estación del Ministerio; José Luis Méndez Arocha;
Gerardo Yépez Tamayo; Francisco Tamayo Yépez; José Luis Sánchez; Elbano Martin
S.; José Luis Arcay; Eduardo Osuna; J. Lugo Blanco; el Padre Yanoni; J.J.
Pacheco; Iride Mendible; Amelia Montesinos; Eduardo Lander; Julieta Fernández;
América Trujillo; Alcides Guatarasma; Aquiles Montagne; Carlos Julio Rosales;
David Villasmil; Alberto Fernández Badillo; Mario Gélvez; Evaristo
"Agapito" Torres; Jan y Bohumila Bechyne y muchos otros profesores y
estudiantes de la Facultad. Hubo un emotivo discurso del decano de la Facultad,
Dr. Manuel Vicente Benezra, quien expreso:
"Cinta
de concreto que une Maracay con la costa. Bosque de árboles centenarios. Bruma,
arroyos cristalinos. Maravilla puesta por la naturaleza en despliegue de la
variedad inmensa del Dios creador. Historia evolutiva de un pedazo de suelo,
suelo en evolución, vegetación cambiante, corola de luz entre nubes tropicales. Así se llega a Rancho
Grande. Tu nombre fue cambiado y te bautizaron con nombre de sabio, te dieron
su nombre en recuerdo de su obra, o es acaso su obra recuerdo de tu nombre. Al
decir Henri Pittier, más que decir un nombre, elevamos una oración. Plegaria
inmensa que abarca a todos aquellos que dedican su esfuerzo a conservar los
árboles en los bosques, el agua en las quebradas y el trino entre plumones de
brillantes colores. A la orilla del camino, víctima del tiempo, se elevaba al
cielo, como mudo monumento de la inconstancia humana, los fríos aposentos de
quien, en épocas pasadas, hubiera sido sitio de alojamiento, para el turista de
vista cansada, que abriría los ojos para que por ellos entrara toda la belleza
de los Valles de Aragua y el azul intenso de su lago. En múltiples ocasiones,
profesores que buscan y buscan y que al fin por tanto buscar encuentran,
pensaron que en aquella torre; fría, húmeda y carcomida por el tiempo, podría
crecer como los sueños si se les da la vecindad del alma, que en esa torre
podría crecer el tibio hogar de la actividad creadora. No ya, para ser turista
contemplativo de un desfile de maravillas, sino para atrapar entre los hilos
finos de las mallas, la realidad de un mundo que pasa y que unas veces es bueno
y otras es malo. Nació la idea y poco a poco fue creciendo y hombre generoso,
que se llamaban con nombre propio; Tamayo, Altuve, De Venanzi, o con nombre
genérico: Consejo de Desarrollo Científico, Dirección de Recursos Naturales,
Universidad, materializaron el sueño, el
cual ha ido caminando paso a paso, con rumbo cierto, aunque lejos está
el horizonte. ¿A dónde nos llevará el camino, por cuántas veredas habremos de
pasar?, no le preguntemos al caminante, preguntemos al camino. La fría, la
calculadora actividad creadora continuará aquí, con aliento humano y con cariño
de abnegación, escudriñando en este mundo infinito que nos rodea; trabajando de
día y de noche, con calor y con frío, en beneficio de quienes allá abajo
laboran por una patria grande y soberana. No es necesario el piso de mármol, el
techo de yeso, las alfombras, los oropeles; para nosotros, estas cuatro
paredes, no son comparables ni al más acabado castillo de los cuentos de
príncipes y princesas; para nosotros fantasía es ilusión, es sueño. Le daremos
vida con trabajo, con empeño y con decisión y cuando, algún osado navegante,
mire en las noches hacia la cumbre de Rancho Grande, verá una luz refulgente,
luz de alborada en un castillo de torres y torres, donde la verdad tendrá más
brillo que las estrellas del cielo. Esta es la Universidad, esta su actividad,
no sólo derecho, es obligación, sembrar luces, iluminar mentes, forjar corazones, aprender, enseñar, volver a
aprender, seguir enseñando. Pobres de aquellos que aprendieron y no enseñan,
pobres de aquellos que quieren apagar el sol tapándose los ojos con las manos.
Al final, de campo a campo, de hombre a hombre, del fondo de la tierra saldrá
el canto de Universidad que entonado con la mística de un himno, marcaría en
sus compases el engrandecimiento de Venezuela. Y esa Universidad, o como se
llame, será el pedestal donde descansará el porvenir de la Nación; vanos habrán
sido los esfuerzos de quienes quisieron frenarla, pues a la luz, la sombra y el
agua no hay quien pueda frenarlos. En este desarrollo, en este crecimiento
incontenible de la Universidad venezolana, nosotros diremos: Presente!!, y
aquí, en este instante queremos dar nuestro reconocimiento al Rector Jesús
María Bianco, pues él, peregrino como nosotros en busca de nuestro destino, ha
ido dando agua, luz y sombra. Gracias a todos los buenos samaritanos, gracias a
quienes creen en los sueños y trabajan para lograrlos y pedimos al Dios
poderoso nos ilumine para que a cada paso, nos sirva de guía en el camino que
hoy comienza. Camino: ¿A dónde nos llevas?. Caminante: Los llevo a vivir por
Venezuela. Gracias".
Desde
este momento se nombró como encargado de la nueva Estación al Dr. Alberto
Fernández Yépez, quien posteriormente se dedica a organizar los laboratorios y
realizar frecuentes visitas de coleccionamiento, lo cual fue rutinario hasta su
muerte, el 27 de Julio de 1970.
Pensando en una rotación anual del cargo de Jefe de la Estación, el 8 de Febrero de 1967, se encarga de la misma a su hermano, Francisco Fernández Yépez. En estos años, los hermanos Fernández Yépez, René Lichy, Carlos Julio Rosales, Eduardo Osuna, Jan y Bohumila de Bechyne, Mario Gélvez, Juvenal Salcedo y Francisco Urbáez visitan frecuentemente la Estación, haciendo colectas y tomando notas sobre la fauna.
Pensando en una rotación anual del cargo de Jefe de la Estación, el 8 de Febrero de 1967, se encarga de la misma a su hermano, Francisco Fernández Yépez. En estos años, los hermanos Fernández Yépez, René Lichy, Carlos Julio Rosales, Eduardo Osuna, Jan y Bohumila de Bechyne, Mario Gélvez, Juvenal Salcedo y Francisco Urbáez visitan frecuentemente la Estación, haciendo colectas y tomando notas sobre la fauna.
Principalmente se dedican al coleccionamiento
de insectos que llegaban atraídos por el bombillo de mercurio colocado delante
de una lona blanca fijada a la pared de la Estación. Durante años, esta
efectiva trampa de luz ha permitido la captura de innumerables especies de insectos, muchas
nuevas para la ciencia. La alta intensidad del bombillo utilizado, fue muy útil
para saber si alguien estaba colectando en Rancho Grande, ya que su brillo era visible
desde algunos puntos de la ciudad de Maracay.
Sólo Alberto Fernández Yépez y su hijo Alberto Fernández Badillo, su ayudante Francisco Urbáez y su compañero malariólogo Gregorio Ulloa hacen colectas de pequeños mamíferos utilizando trampas tipo Scherman, Havarhath, National y Víctor o de golpe; así como de aves y murciélagos usando mallas de neblina.
Sólo Alberto Fernández Yépez y su hijo Alberto Fernández Badillo, su ayudante Francisco Urbáez y su compañero malariólogo Gregorio Ulloa hacen colectas de pequeños mamíferos utilizando trampas tipo Scherman, Havarhath, National y Víctor o de golpe; así como de aves y murciélagos usando mallas de neblina.
Desde 1971, queda encargado de la Estación el profesor Luis Fernández Solís, quien
venía adelantando un proyecto de registro de insectos plagas con trampas de
luz, una de las cuales fue instalada en la terraza de la Estación. El técnico
Félix Zambrano actúa como ayudante en este proyecto. En 1972 se logra que la
Estación tenga un obrero asignado para su mantenimiento y el cargo es ocupado
por Gumersindo Jiménez, quien a través de los años se ganó el cariño y la
amistad de todos los que subían a Rancho Grande. En 1975, el profesor Fernández
Solís deja la Universidad y la Estación queda en manos, por iniciativa propia, nuevamente del Dr. Francisco Fernández Yépez. Pocos investigadores de la Facultad utilizan Rancho Grande para sus trabajos y colectas, siendo sólo frecuentes el Dr. Francisco Fernández Yépez, el prof. de entomología José "Pepe" Clavijo, el prof. de zoología agrícola Alberto Fernández Badillo y los técnicos Juvenal Salcedo, Anibal Chacón, Francisco Urbáez y Carlos Andara.
Francisco Fernández Yépez fallece el 16 de agosto de 1986 y meses después es nombrado como encargado de la Estación el profesor de entomología Aquiles Montagne, quien no muestra mucho interés en estimular el uso de sus instalaciones e incluso propone que debe manejarse junto con la vecina Estación del Ministerio y anexarse a ella. La falta de recursos económicos tiene sus evidentes efectos sobre el mal estado de la Estación de la UCV.
La estación biológica la conocí por el CEUM (Centro de Excursionistas universitarios de Maracay) y clases de la facultad. Los cursos para los nuevos ingresos al Ceum eran en Rancho Grande. En algunas oportunidades fui guía en sendero de interpretación de la naturaleza, que consistia en entrar al bosque y en ciertas paradas hacer observaciones. Una gran época
ResponderEliminarEn el postgrado hicimos varias salidas a Rancho Grande. La práctica de ecología de insectos y algunas colectas se hacían allí.
ResponderEliminarAlberto buena iniciativa
ResponderEliminarGracias amigo de siempre Luis. Si, espero poder seguir y anexando más "entradas" interesantes de la Estación Biológica de Rancho Grande de nuestra Facultad de la U.C.V.
EliminarExacto la Estación se llama "Estación Biológica Dr. Alberto Fernández Yépez de Rancho Grande de la Facultad de Agronomía de la Universidad Central de Venezuela"
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